El fenómeno de la mesa celestina (Y la cruda realidad sobre la escasez de compromiso emocional)

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Días previos a la víspera de año nuevo, una cuenta en Instagram publico la foto que aparece en este post; en la misma, una joven indicaba ser la prueba viviente de que el agüero de meterse debajo de la mesa segundos antes (o después) de recibir el nuevo año, era indicio de buena fortuna para encontrar pareja formal en el año que estaba comenzado: tal como se esperaba, la cuenta que subió la imagen, publico el 1 de enero algunos videos y fotos de aquellas seguidoras que tomaron la iniciativa de creer en este ritual; pero a pesar de que publicaron aproximadamente unas 20 fotos de sus seguidoras, el experimento desde mi perspectiva, fue una prueba contundente de que la mayoría de la población en este país (y probablemente en LATAM) esta soltera o en una relación tóxicamente indefinida; y según mi teoría, esto es debido al pánico que esta generación siente hacia el compromiso, o en otras palabras, el asumir responsabilidades sentimentales en el 2020 nos es más terrorífico que juntar en una sola entrega las películas El Conjuro y actividad paranormal 1

No podemos obviar que el proceso de encontrar pareja no es solo cosa de iniciar una implacable búsqueda por una persona que este legalmente soltera (o que el internet confirme que no tiene pareja); hay otros factores de alto valor que se toman en cuenta para llenar la vacante de novio(a); como por ejemplo, que la persona tenga un ingreso económico lo suficientemente periódico como para idealizar el construir un hogar con esa persona, así como también que su dormitorio se encuentre en un lugar fuera de la casa de sus padres; otro factor importante es que esa persona tenga las neuronas suficientes como para desarrollar conversaciones profundas sobre, finanzas, ambiente laboral, crecimiento y desarrollo psico-espiritual y demás temas complejos de la complicada adultez.

Cuando al fin encontramos ese perfil que nos hace suspirar después de cada cita, esa persona con la cual sentimos que estamos viviendo el romance idílico que tanto anhelábamos, se nos presenta el mayor y más duro de los dragones; y ese no es otro que el hecho de que esa persona no quiere confrontar la responsabilidad de asumir una relación formalmente seria (comúnmente conocida como noviazgo); batallar este dragón es una constante guerra contra el tiempo (en la mayoría de los casos se pierde la pelea), ya que día tras día nos debatimos en el eterno dilema de “si me quiere, solo es cuestión de tiempo”; al pasar los meses o los años, lo único que ganamos es una inmensa frustración de haber sacado una maestría en psicología tratando de que el otro supere su pasado, y en el peor de los casos, hicimos tan bien la tarea que le pide matrimonio a la siguiente persona que ocupe nuestro antiguo puesto sentimental.

Somos una sociedad distinta, y estamos poniendo todo lo que esté en nuestras manos para no convertirnos en nuestros padres; pero que muy internamente aun conservamos este chip que nos implanto Disney en la infancia sobre romance de cuento de hadas que llega a tener un final feliz; y parte de lo que nos aleja de tan anhelado desenlace es el hecho de que contantemente estamos jalando los dos lados de una misma cuerda; por un lado jalamos la tradición que queremos conservar, aquella de un compromiso formal (y noviazgo que podamos exponer a nuestros amigos, familiares y seguidores en redes sociales), y por el otro, jalamos con la independencia de nuestra soltería, aquella cuyo estandarte es el no estamos dispuestos a procesar los problemas que nos causan insomnio en la relación, es decir, aquellas cosas como el repentino desinterés por parte del otro, las múltiples infidelidades, la falta de apoyo económico en momentos de crisis personales, y la más importante, el momento en el que nuestra pareja pierde todo sentido de devoción hacia nosotros y le dedica toda su atención a nuevos horizontes.
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La posible (y teórica) solución al tema de querer una relación formal, más allá de inundarse en amor propio, es el tener una confrontación contigo , y determinar que es una relación emocionalmente sana para ti, pues esto va variando en cada persona, algunas se sienten cómodas etiquetando a su pareja en un noviazgo (a pesar de que este no le esté brindando momentos de felicidad); y algunas otras personas se sienten bien teniendo el esa sensación de libertad condicional, en la que pueden disfrutar de una pareja sin perder del todo su independencia.

El verdadero truco para disfrutar de una relación sana está en que, sin importar el tipo de relación que escojas, dejes muy en claro lo que es permitido y lo que no esto te evitara en el futuro despechos eternamente prolongados. (y si la persona no está dispuesta a negociar reglas, créeme, esa relación es la crónica de un despecho anunciado).

Después de todo, las personas que llegan a tu vida, formales o no, llegan para brindarte una lección de cómo debes actualizar tu software emocional interno; así que mientras estas soltera, disfruta el paseo, bien dicen que las cosas buenas te llegan cuando menos lo esperas, asi que mientras tus amigas se desvelan de angustia por que sienten que la relación va mal, tu tomate una copa de vino y aconséjalas desde la sabiduría de una soltera moderna.

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