Los RAPPI – zolanos

Para los que no saben que es RAPPI, esta es una aplicación móvil que brinda el servicio de “realizar los mandados y llevarlos a donde estés”, en toda la ciudad según sea la necesidad del cliente de la app; las personas (repartidores) que trabajan para la app se encargan de hacer entregas relacionadas con comida, farmacia, antojos y demás funciones de mensajería; abarcando desde el mercado para el fin de semana, hasta la carta que quieres que reciba tu ex antes de picar su pastel de cumpleaños 


Durante mi experiencia con este servicio, en el 100 % de las veces que lo he utilizado, un 99% de ellas me ha realizado la entrega un Venezolano(a); en ocasiones incluso, he llegado a inferir que tienen pocos meses de haber emigrado a la ciudad, esto debido a que teniendo el lugar de destino frente a ellos, miran hacia todos lados (frenéticamente) buscando un punto de orientación.

Siempre muy cordiales, esa la característica que más me llama la atención durante la entrega; de hecho, podría decir que los más nuevos, llevan el servicio hasta el nivel de genuinamente desearte que tengas un excelente día (o noche); siempre se han mostrado cuidadosos al sacar el paquete que transportan, no importa si está lloviendo, o si el clima se siente de unos 9 grados, todos y cada uno me ha brindado la actitud de servicio sin importar cuán engorroso haya sido el proceso de entrega

Ser parte de este equipo llamado RAPPI no es tan fácil como suele parecer a simple vista; esto lo se debido a que durante mi almuerzo, la aplicación lanzó una promoción de una cantidad limitada de malteadas gratis correspondientes al lugar donde me encontraba; en solo cuestión de minutos fueron llegando 5 RAPPI-zolanos, y pude obtener un destello de como era la vida de ellos detrás de la aplicación. Los primeros 2 en llegar comenzaban a entrar en pánico, esto debido a que la orden de sus clientes aún no aparecía en la plataforma del restaurante, otro intentaba entender el funcionamiento de la aplicación sin comprender muy bien las indicaciones de “soporte”, mientras el cuarto miembro de Rappi le daba tips y trucos para manejarla correctamente; el último en llegar se ofreció a cuidar las bicicletas de los demás (las cuales se encontraban a las afueras del restaurante) porque ya anteriormente le habían robado una, esto simultáneamente con estar al pendiente del pedido de su usuario asignado.

Lo que llama mi atención sobre el trabajar como “repartidor de mandados”, es como un trabajo, digno y honrado, determina las diferentes definiciones de la palabra “necesidad”, y como esta se va alterando de acuerdo al país, situación y cultura; por ejemplo, el lugar en donde vivo está pasando por una etapa donde el nivel de desempleo es elevado; es común escuchar un lunes por la mañana en el transporte público a más de 4 personas decir que “la situación está dura”, y dicha frase mencionada en voz alta, genera un público totalmente partidario de esta idea; sin embargo, cuando por motivos de mi trabajo debo contratar a alguien local, la tarea se vuelve un proceso que puede durar semanas; esto debido a que, al convocar a los seleccionados para las entrevistas, solo el 20% de las personas asisten, además de ello, de las que asisten, un 50% se queja de que el salario es muy bajo , o de que el lugar de trabajo les queda muy lejos de sus casas, o que sus aspiraciones (y gastos básicos) doblan lo ofrecido salarialmente; cuando finalmente se llega a un acuerdo, la persona desiste de la oferta porque “salió otra mejor”. Determinando que no tienen necesidad de un trabajo, sino la necesidad de un BUEN trabajo, los cuales en cualquier economía son contados y limitados.

Por otro lado, el venezolano, escapando de solo poder comer una vez al día, de tener que correr a usar los equipos electrónicos que tiene en las escasas horas que está disponible el servicio de luz, escapando de tener que rezar todo el rosario para que la línea del pago con tarjeta no se caiga y poderle comprar el pan del obligado brunch a Doña Maria; busca generar ingresos como sea, llevando en su mente ese post grado universitario que obtuvo con honores, mientras pedalea en medio de la lluvia torrencial; tolerando las miradas de los locales cada vez que le escuchan su acento característico mientras piensa en el camino “ojalá no se haya dañado el pedido en el camino”; para ese RAPPI-zolano el centavo que se gana en esa entrega, es el mismo que le da la oportunidad de tener un día más de comida y techo; y a pesar del clima, de la gente, de la depresión que lleva por dentro, hace hasta el último esfuerzo para regalar actitud de servicio (y cuidar su trabajo)

Nadie puede quitarte el trabajo que tú no estás dispuesto a hacer, ni nadie puede robarte el puesto para el cual no estás preparado (ya sea en educación o en aptitud),por lo tanto…no seamos tan duros con estas personas, y tampoco les demos una mirada de lastima, son seres humanos con un trabajo tan digno como el tuyo o como el mío, y que lo están haciendo por un motivo más grande del que tú y yo podemos llegar a imaginar

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Un comentario sobre “Los RAPPI – zolanos

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  1. Gracias por escribir este artículo. Como venezolano sólo puedo ver con preocupación e impotencia cómo mis connacionales deben escapar como sea de la ruina, y por cada uno que se va hay muchísimos más que no tenemos más alternativa que quedarnos en Venezuela.

    Lo peor es que ese fenómeno del “no hay trabajo pero tampoco hay gente que quiera trabajar” se ha institucionalizado en Venezuela. El gobierno chavista / madurista ha creado a lo largo de los años muchos parásitos pagados por el Estado, cuya principal labor es asistir a las marchas oficialistas y votar para mantenerlos en el poder. ¿Por qué iba alguien a “partirse el lomo” trabajando cuando puede recibir una limosna con el carnet del partido?

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