Porque nos obsesionamos con “rehabilitar”?

Tanto a hombres como a mujeres nos cuesta resistir la fascinación de enamorarnos de los casos complicados; a la mujeres nos atraen los chicos malos, y los hombres fantasean con el llegar a enamorar a una “nena mala”, convirtiendo a este par de desórdenes psicológicos andantes en dioses del olimpo, inalcanzables y por lo tanto muy cotizados.

Lo cierto es que, cuando personas así llegan a nuestra vida, y notamos que la atracción química es mutua, nos comemos el cuento de que el único obstáculo en nuestro cuento de hadas es el miedo (que tiene la persona en volver a sentir dolor), y que una vez que el paciente este curado, tendremos la boda en el castillo con los pájaros cantando al son de un final de “felices por siempre”; y es justo aquí donde comienza la línea de salida y arrancamos la extenuante competencia, donde somos motivados por la obsesión, de convertirnos en ese ser excepcional que logre rehabilitar a nuestro amor.

Se podría pensar que la razón por la cual tomamos la decisión de ser rehabilitadores profesionales es debido a que nos atrae lo difícil, lo complicado, que es un “reto”; pero dejemos de decirnos mentiras, cuando la montaña se pone muy cuesta arriba hasta el alma más enamorada abandona la cruzada. A mi parecer, lo más atractivo que tienen este tipo de personas “malvadamente sexy”, es su gran habilidad de responder con un “probablemente puede ser…” a absolutamente a todo, brindándonos pequeñas dosis de adicción cada vez que nos plantean esta opción, algo muy parecido a lo que nos vende disneylandia, haciéndonos creer que todo es posible; la falla en nosotros está en el no plantearlos que, dentro de ese “todo”, también viene incluida la opción de volverte añicos el corazón.

Muy aparte de esto, se encuentra la persona de “buenos sentimientos”, a la cual si le hacemos un proceso elaborado de evaluación y aprobación antes de comenzar el proceso de salir en citas; esto debido a que no nos convence del todo su estilo de vida “santurrón”; por lo general a este tipo de persona la consideramos como una relación demasiado fácil, pues no nos brinda la adrenalina de una constante incertidumbre (a la que nos hemos vuelto adictos ) de si nos estará siendo infiel, o si va a entrar en una etapa de crecimiento personal en la que quiere descubrirse a sí mismo sin nuestra compañía.

Según mi punto de vista, en este tipo de relaciones solo el 6% de la población admite que su pareja llego a su vida para rehabilitarle, y que el apoyo brindado por esta persona fue la clave para que su vida mejorara; de ese 6%, solo el 1% sigue al lado de su pareja construyendo una relación basada en el inmenso amor mutuo; si pensamos un poco en los números anteriores, y teniendo en cuenta la cantidad incontable de personas que están en un relación sin compromisos ( entiéndase, donde uno está enamorado y el otro simplemente le ve como un acompañamiento)… ¿Que te hace pensar que lograrás que esa persona te entregue su maltratado corazón para que este sea renovado con tu amor? Y otra pregunta que considero importante es … ¿De dónde sacas la idea de que ese corazón va a corresponderte con el mismo nivel de amor que tú le estas dando para rehabilitarse?

Lo grave del asunto es que estamos plenamente dispuestos a vender nuestra alma, con tal de rehabilitar al objeto de nuestro amor (como si nosotros fuimos los que les dimos a luz en esta vida); pero en lo que respecta a nosotros mismos, somos capaces de someter a una interminable licitación la simple idea de rehabilitarnos a nosotros mismos, terminando en el eterno dilema de darlo todo por los demás, pero ser incapaces de brindarnos a nosotros mismos al menos la mitad de la cuarta parte de lo que seriamos capaces de hacer por nuestro amorcito.

Sin duda alguna, un proceso de rehabilitación requiere de una gigantesca cantidad de tiempo, esfuerzo, paciencia y constancia (quizás por eso nos causa pereza el hacerlo en nosotros mismos); todo lo anterior deja de verse tan grave cuando decidimos hacerlo para otra persona, debido a que estamos sedados bajo los efectos de la “poción de amor”; pero como toda poción, llega un punto en que ya no surten los efectos, y es cuando vemos la cruda de realidad de que todo lo que invertimos, resulto siendo efectivo para la nueva pareja de nuestro amor. Es por ello que debemos plantearnos mejor la idea de rehabilitarnos a nosotros mismos; tener en cuenta que el rehabilitarse no necesariamente dejar atrás una adicción, o superar problemas psicológicos, rehabilitarse puede ser el comenzar a entrenar en un gimnasio, o dejar ir a personas (o pensamientos) tóxicos.

Dejemos de un lado la obsesión que tenemos con algo que algún día fue, o que quizás nunca será, suelta ese “amarre” que tú mismo hiciste y deja de pensar en todo lo que invertiste en el pasado; no te ancles a la idea de que ya has hecho mucho y que la meta está cerca; te garantizo que si a este punto , con todo el costo emocional que has invertido, esa persona no ha logrado tomar la decisión de estar a tu lado y corresponder tu amor, eso ya no va a suceder en esta época; olvida esa referencia de “todo es posible”, eso solo fue válido hasta los años 90, en esta era moderna donde el sexo está al alcance de un “match”, y a la vuelta de la esquina no está el amor de tu vida sino tu reemplazo, las personas se desligan muy rápidamente de sus “acompañantes” y el sentimiento de apreciar lo que el otro hizo por ti, queda siendo un simple mito ético, algo así como el pepe grillo al que pinocho jamás escucho.

Te propongo que hoy sueltes esa tristeza causada por tanto tiempo invertido en rehabilitar al otro, y motívate; busca una nueva rehabilitación, pero ahora a quien vas a rehabilitar es a ti mismo, a tus metas, a tus proyectos futuros; después de todo, si pudiste sobrevivir a un corazón roto y a un amor no correspondido, tienes las herramientas (y capacidad) para sobrevivir hasta el apocalipsis zombie, solo debes proponértelo a ti mismo.

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9 comentarios sobre “Porque nos obsesionamos con “rehabilitar”?

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  1. Siendo tan maleducado como para hacer un comentario sobre tus escritos, sin leer el post completo. Un poco de falta de lucidez por cansancio hoy, y el extenuante calor. Chico malo, chica mala. Por definición los derroteros puede que sean escabrosos. Y sin embargo te quiero, reza el poeta. Desvirtuadas las relaciones, abandonados los compromisos, que más a de pasar. No es suficientemente malo, ya. Yo quiero bondad, lo prefiero, lo mame de pequeño, y eso quiero transmitir. Digo que la felicidad se administra en pequeñas diócesis, que no nos acompaña todo el dia,
    que hay que ganarsela. Maldad sobra en este mundo, como albedrío para alinearse con ella. Te agradezco tu aprobación de mi post. Sigue escribiendo con la coherencia que lo haces, que ya estamos un montón de bloggers diciendo tonterías. Chao. HIDALGO CABALLERO

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  2. ¿Por qué insistimos en rehabilitar a alguien? Porque como simples humanos que somos, nos encanta la posibilidad de ser dioses. Después de todo, las mascotas más fieles y amorosas son las que rescatamos de la calle, ¿por qué no habría de ser igual con un ser humano?

    Pero bueno, las cosas no funcionan así con los humanos. Adán y Eva rechazaron la vida cómoda de vivir como “mascotas de Dios” en el Edén; los adolescentes se rebelan contra sus padres, y los sujetos que queremos rehabilitar para que nos amen inevitablemente nos dejarán por la misma razón: los humanos valoramos más la libertad de elección que cualquier otra cosa.

    Yo he estado en ambos lados de esta historia, y ninguno es agradable. Como “el salvador” me sentí frustrado de que no me quisiera después de todo lo que hice por ella, y cuando fui “el sujeto a ser rehabilitado” me sentí agobiado por no poder satisfacer sus esperanzas.

    La rehabilitación (bien sea física, sentimental, laboral, por adicciones, etc.) es una industria que exige tener profesionales entrenados, quienes tienen mucho cuidado de no involucrarse emocionalmente. Por algo será.

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  3. Excelente post. Ese empeño frenético por ser “héroe” se convierte en la mayor expresión de masoquismo que se puede encontrar en una relación, pero también considero que puede significar un intento de añadir emoción y adrenalina a una vida que carece de ella. Los preconceptos adquiridos desde la infancia contribuyen a actuar y buscar lo que creemos nos brindará satisfacción. Saludos.

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