El mayor acto de amor no es el buen sexo, es el “estar ahí”

Cada cabeza es un mundo, y sin duda alguna cada persona que forma parte de nuestras vidas tiene un universo entero dentro de sí; y es hay que detenerse un momento y pensar que, si los astronautas aún no saben con certeza que hay más allá de la atmosfera, mucho menos google nos puede ayudar a entender a la persona objeto de nuestro afecto; en lo personal, creo que parte por la cual las relaciones modernas se han vuelto un Everest inalcanzable es debido a dos factores:

1) Se nos fue la mano con la cantidad de amor propio, y borramos la línea que separaba el aumento de autoestima con el aumento de ego.
2) Internet nos enseñó que si algo no está fluyendo de la forma que tu quieres, y en el momento es que quieres pase, simplemente se debe dejar en doble tilde azul y la situación mágicamente se esfumara.

Solemos ir por la vida repitiendo como aves que la base de toda relación sentimental es el apoyo que se pueda encontrar en la otra parte de la pareja, pero nos parece extenuante y aburrido el tener que ser “ese” apoyo, cuando nosotros mismos a duras penas logramos mantenernos en pie. En el siglo pasado se implementaba que, si dos personas no lograban entenderse, estas debían tolerarse hasta la muerte, o en su defecto, hasta que naciera el amor o al fin llegara el entendimiento de ambas partes como un resplandor; pero desafortunadamente Internet nos mostró que cada ser humano es un ser diverso, opuesto y multifacético (según la etapa que esté pasando por su vida), y que si algo que no te gusta, o no esté funcionando bien en el modelo que compraste, perfectamente puedes entrar a la web y encontrar un diseño más atractivo y funcional; lo cual te deja dentro un circulo tan beneficioso como el de un cachorro que suele dar vueltas sin parar persiguiendo su propio cola.
Hoy en día nos da pereza el “estar ahí” para la otra persona; preferimos aprender piruetas en la cama y memorizarnos el manual de juguetes sexuales, que prestar atención al mal día que tuvo nuestra pareja (o tan siquiera preguntarle qué tal su día); dando como resultado que lo que venía mal, vaya peor, y obviar por completo la situación a través del alucinógeno del placer. La verdadera solución se encuentra cuando logramos ceder un poco nuestro ego, lo cual es tan incómodo y beneficioso como lo es el salir de la zona de confort; pero estamos tan enamorados de nuestro amor propio, que no logramos ver la situación (o problema) más allá de la pantalla de whatsapp.
Debido a los estratosféricos niveles de ansiedad que nos provoca internet, nos parece demasiado trabajo tener que “estar ahí” para la otra persona cuando ni siquiera te entiendes a ti mismo; y estoy de acuerdo que la tarea no es cosa fácil, de hecho, es muy frustrante el mantener la calma y enfocarte en la situación de la otra persona, cuando lo único que quieres en ese momento es hacer tu propio monologo y que los reflectores te enfoquen a plenitud.
Lo que obviamos en nuestro afán protagónico es que, el “estar ahí” para una persona a la que apreciamos, es un poderoso filtro para saber a quién le importas un pepino y a quien no; y si nos ponemos a reflexionar, este método nos sale significativamente más económico a nivel emocional que Tinder; ya que el estar ahí, te dirá en un futuro si todo tui esfuerzo causo un impacto en la otra persona, al punto que esta te tenga en su lista de personas que valen la pena.
El show comienza en el hecho de que si estamos mal, queremos ser los protagonistas de la historia, queremos un monologo exitoso y taquillero; por otra parte, cuando la otra persona está mal (y tu biorritmo se encuentra estable), tu educación sobre la compasión y empatía hacia los demás, te lleva a que puedas brindar apoyo sincero, o en su defecto, brindar apoyo de forma política; pero el verdadero idilio(prueba) del amor comienza cuando los dos están mal al mismo tiempo, es en este punto donde la relación millennial entra en un colapso parecido al que se predijo con el Y2K; pues el fundamento de la relación de pareja en el siglo pasado era que debías esperar a que una de las dos partes se volviera a estabilizar, y en ese punto se arreglaban las cosas a la buena o la mala, pero jamás se cambiaba el objetivo de arreglarlas; hoy en día el objetivo es reemplazar a la otra persona en la menor cantidad de tiempo posible.
Amar va más allá de admirar a la otra persona, y muchas personas confunden admiración con alabanzas a su ego; amar es el “estar ahí” cuando tu solo quieres huir de ti mismo, cuando quieres gritarle al mundo que no estas bien; después de todo, el buen sexo se consigue en cualquier parte, los detalles caros y los piropos de galantería se encuentran en algunas esquinas; pero esa persona que antes o después de contarte su día, aún le preocupa con interés la tuya, esa persona te está dando un tipo de amor que no encontraras en la red social.

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4 comentarios sobre “El mayor acto de amor no es el buen sexo, es el “estar ahí”

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