¿Por qué quieres lo que estás pidiendo?

A menudo nos fijamos una serie de metas y objetivos para obtener aquello que es objeto de nuestro profundo deseo: un puesto de trabajo, un auto nuevo, un negocio propio, el amor de alguien que nos atrae, etc.; somos capaces mover la montaña hasta la puerta de Mahoma, sin importar cuanto sudor y lágrimas nos cueste, con tal de conseguir lo que queremos y en la forma en la que lo queremos; y es muy probable que durante el proceso tengamos ganas de rendirnos y tirar todo el esfuerzo a la basura, mas sin embargo, durante este camino… ¿alguna vez te has preguntado el porqué quieres aquello que tanto deseas obtener?

Comencemos a pensar sobre esto basándonos en que en pocas ocasiones nos fijamos una meta que sea beneficiosa para nuestra conveniencia, como por ejemplo: comprar un auto sencillo para dejar de tomar el bus que tarda 2 horas en llevarte al trabajo o comprar un apartamento modesto para dejar de pagar el alquiler en la habitación que no deja de gotear cuando llueve. Somos consumistas por naturaleza, si tenemos algo, queremos la mejor versión de esto: si tenemos una pequeña tienda de sándwiches, queremos 20 sucursales en vez de mejorar las instalaciones de la misma. Y por lo general, una vez insatisfechos con lo obtenido, buscamos tener algo que sea más grande y mejor que lo logrado, sin siquiera recordar el sabor de los obstáculos que atravesamos para llegar al final del camino, sabor que se torna especialmente ácido cuando tratamos temas del corazón.

Durante el proceso de conquista en una relación, nos fijamos en los aspectos básicos de la supervivencia humana (comer, dormir, reproducirse), entiéndase, el comenzar a tachar que parte de nuestra check list viene incluida en nuestro aspirante a expareja. En esta etapa el 90 % de lo superficial, como lo son aspecto, hobbies, finanzas y estatus social, son aprobados con éxito; pero también es el momento clave para reflexionar… ¿qué es lo que realmente deseas obtener de la otra parte? Una sociedad, alguien a quien echarle la culpa, una compañía o simplemente alguien que esté ahí para ti cuando tu mundo se venga abajo. Las opciones y las excusas son infinitas, cada quien maneja la soledad a su manera. Los efectos colaterales se presentan cuando queremos durar más de un mes al lado de esa persona pues una vez que se tiene consciencia de que lo obtenido carece de ingredientes fundamentales para complementar la relación, perdemos el interés y deseamos un término de contrato inmediato con diferencias irreconciliables incluidas. Cuando aprovechamos el tiempo a solas que nos brinda la soltería, conocemos que es lo que realmente queremos de otras personas, su habilidad social, sus valores familiares, su carisma, su optimismo, podemos identificar con precisión si deseamos, o no, subirnos a la montaña rusa del amor, o en su defecto, determinar que esa persona encajará mejor dentro de la friendzone.

Parte del amor propio se basa en no buscar lo que deseas sino en encontrar lo que te beneficia y te hace crecer como persona. A pesar de ello, ignoramos todo lo anterior y forzamos a nuestro cerebro a adaptar lo que deseamos a nuestro concepto de vida ideal. Al único que no podemos engañar con este truco es a nuestro instinto, pues si lo que deseamos no es conveniente (o ya está dentro de otra relación), hasta un favor se pondrá en contra de nuestros objetivos.

Los obstáculos que van apareciendo durante la jornada solo hacen que sea más fascinante el trayecto, hace que lo veamos como una aventura hacia el centro de la tierra, pero muchas veces la cantidad de obstáculos se vuelve interminable y es en este punto cuando debemos callar las frases motivacionales de las páginas de Facebook y entender que debemos parar y replantear el camino. Si bien es cierto que todas las personas, situaciones y propuestas que se presentan en nuestra vida es para brindarnos un aprendizaje y un propósito, muchas veces este propósito no se conecta con nuestro deseo. Tal vez la persona con la que sientes que tienes una conexión extra cósmica para el amor, tiene una conexión extra cósmica para las finanzas de tu vida. Al principio no lo notas porque nos enfocamos en nuestro deseo, en la escenografía en la que queremos ver a esa persona, olvidando por completo la verdadera razón por la cual sentimos que esa persona debe formar parte de nuestra existencia. Con el tiempo, las experiencias y las lágrimas, entendemos que solo nos gustaban las aspiraciones que tenía esa persona en su vida (y las cuales queríamos para nuestro propósito personal) y no la persona en sí. No nos gustaba su carácter, ni sus hábitos, y mucho menos sus rituales de domingo por la tarde, pero deseamos tanto la foto que hay en nuestra mente que pasamos por alto todo esto, hasta el punto en que todo está bañado en pintura de neón.

Quiero invitarte a que tomes una pausa en tu día, en tu jornada, en tu vida y te hagas esta pregunta cada vez que vayas a iniciar o continuar el objetivo que te has planteado… ¿Por qué quieres lo que estás pidiendo?

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6 comentarios sobre “¿Por qué quieres lo que estás pidiendo?

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  1. Qué bueno. Y qué cierto. Y lo malo no es que deseamos cosas materiales, que al fin y al cabo, no siento. El problema viene cuando detrás de nuestro capricho hay otro ser con sentimientos , al que podemos despedazar. Un placer leerte

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