Entre esta vida y otra

 

Suicidio…

Esta palabra es tan aterradora para los devotos, y a pesar del tiempo sigue siendo un tema tabú entre algunas conversaciones sociales; pero indagando entre un va y ven de comentarios, puedo notar que todo el mundo en algún momento de sus vidas ha fantaseado con la macabra idea.

Desde la ama de casa en la mansión de lujo, pasando por el joven que sacrifica sus días para graduarse en la universidad, y llegando al presidente de una importante compañía, todos hemos sido seducidos vilmente por la idea de presionar el botón de “apagado” de nuestras vidas; la decisión de terminar una vida podría considerarse un sigiloso vicio, donde sutilmente intentamos probar esa fina línea entre la vida y la muerte; entre el licor, drogas, juegos de azar, cigarrillos, sexo casual; vamos explorando inconscientemente algún método que, silenciosa o escandalosamente (según sea el caso), nos lleve a borrar todo aquello que nos va acabando; buscamos la forma de acortar nuestros días echándole la culpa a un agente externo del cual somos fieles consumidores.

Y ese vicio llega a tal punto, que hace un par de días encontré un articulo en Internet sobre la red mundial de suicidiologos, entiéndase que ya hay una especialización sobre el “suicidio”, así de grande es el problema(no me imagino la cara de mi madre durante los años 90,si una versión adolescente de mí le dijera“mamá! He decidido que de grande seré suicidiologa!”)y es para mí, esa clase de vicio del que es muy complicado “rehabilitarse”, por que si lo intentas y fallas, queda un estigma de lo que pudo ser; y si lo intentas y lo logras…bueno simplemente ya no hay ninguna probabilidad de rehabilitación.

¿En que momento nos dejamos seducir al punto de probar?, ¿Cual es esa fuerza que nos vuelve ciegos al punto de no ver la solución aun teniéndola frente a nuestros ojos?; Lo cierto es que vamos sintiendo vacío tras vacío, disfrutamos del aire fresco, la comidilla de la oficina, y los tragos del fin de semana; pero entonces, esa hora o ese día que estas en completa soledad, ahí, en ese instante entre la pereza y el silencio, es que comienza todo a derrumbarse: ilusiones, proyecciones, sueños, metas, todo se va a la canasta y quedas ahí, solo contigo mismo, acompañado únicamente del mar de problemas que rodean tu vida, y es en este punto de saturación donde comienzas a fantasear con jugar a ser Dios.

De jóvenes es más fácil que venga la idea a la mente, durante la adolescencia nuestro cerebro no se detiene a pensar, solo a actuar; ya de adultos pensamos en la familia, deudas, seres queridos y ese miedo que nos enseñaron se apodera de nosotros, lo cual hace que la idea ronde por más tiempo sin llevarla a cabo. Nos perdemos de tantas cosas por solo ver los problemas, una deuda casi impagable nos impide ver las diferentes formas de “economía informal”, un matrimonio con la infidelidad en persona nos impide ver el chico que está enamorado y solo quiere una oportunidad, un error en el trabajo nos bloquea de ver las vacantes que pagan el doble de lo que ganas por hacer lo mismo;¿acaso existe tal placer en el dolor y la angustia que preferimos quedarnos en el lugar oscuro a toda costa?.

Del mismo modo “todo en exceso es malo” por ende solo hay una pregunta, que para mí es el primer paso para “rehabilitarse” y esa pregunta es : ¿Cuál sera el siguiente capítulo en la historia de tu vida?

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