De amores y La la Land

Comienzo a creer que tenemos historias personales con finales tristes debido a que le tomamos el gusto a los finales trágicos e infelices que nos vende Hollywood y sus derivados; de algún modo nos causa cierta Victoria el cargar con el corazón roto, sintiendo que esto es una especie de símbolo de honor, producto de una épica batalla como lo hacían los viejos de héroes de la antigua Grecia.

No es un secreto para nadie que las historias de amor de la pantalla grande, cuyo éxito ha sido total y rotundo, son aquellas donde los corazones de los protagonista terminan destrozados y separados para siempre; películas como El Gran Gatsby, Bajo la misma estrella y más recientemente La La Land, son historias taquilleras que venden miles y miles de boletos porque nos encanta ver como el amor termina en una trágica he idílica historia; más no siempre las cosas fueron así, alguna vez existieron películas como The Notebook, que incitaba a luchar por nuestro amor contra viento y marea; pero a pesar de que esta película quedo como nuestro “relationship goals”, todo ello quedo en el recuerdo cuando nos mostraron el concepto de amor a través de una tragedia ocurrida en 1912 llamada Titanic; a partir de ese momento, comprendimos que existía la posibilidad de tener una vida plena y longeva sin estar al lado del verdadero amor de nuestras vidas; que de hecho , la perdida de este, no solo nos servía como incentivo de adrenalina para ser aún mejores, sino que también hacia que nuestra historia se sintiera como algo digno de admirar; fue en este punto cuando comenzó nuestra a fascinación por este tipo de historias donde el amor no triunfa, donde la pareja no se queda junta, donde los circunstancias los separan y cada quien sigue su camino.

La realidad actual es clara e indiscutible, las historias con finales tristes nos marcaron como generación, al punto que hemos llegado a ese extremo donde el terminar una relación es algo merecedor de aplausos y elogios, mientras que el luchar por los sentimientos, el ceder el ego por la felicidad del otro y re-adaptar nuestra vida para compartirla con el ser que amamos, se cataloga como una patología psicológica denominada co-dependencia o en su defecto, apego emocional, lo cual repercute como exclusión de nuestro círculo social y deshonor para nuestra familia y futuras descendencias.

Y es que esto del “apego emocional” no es nada nuevo, Buda hace siglos atrás entendió que el ser humano sufre porque está apegado a casi todo, pues siente apego hacia el amor de su familia, apego a los lujos que le está brindando el dinero, apego a un trabajo de ocho a cinco para poder sobrevivir, entre miles más; es de este concepto que se parte para denominar que el dolor tan insoportable y horroroso que sentimos cuando nos parten el corazón es debido a que desarrollamos un apego hacia la otra persona, lo que no nos dicen, es que esto se ha convertido en algo cotidiano y natural; si esto no fuera cierto, no existirían tantas historias de ciclos abiertos con ex parejas.

El apego emocional es un concepto demasiado amplio como para etiquetárselo a cualquier historia de amor; en mi opinión, la raíz de ello se deriva de nuestra lucha interna entre dos bandos, el de la tradición, que es el que nos contaban nuestros abuelos, donde ellos nos hablaban de deliciosos poemas que llevaban a la conclusión de que lo importante era luchar por la persona que amaban, y lo mucho que insistieron para mantener conquistado el corazón que habían ganado; y el bando de la modernidad, que está basado en una gigantesca amplitud social del Internet, convirtiéndonos en seres solitarios, exigentes e insatisfechos, y el cual nos incita a que todo el tiempo siempre habrá algo mejor allá afuera, llevándonos a basar nuestras relaciones de pareja como si estas fueran una marca de telefonía móvil, en donde cada año conseguiremos a alguien que será mejor que lo que ya tenemos, y con accesorios más bonitos e innovadores.

Hemos desarrollado un profundo y leal amor hacia nuestro ego, pues los objetivos que nos llevan a la fama y la fortuna, son aquellos que no tienen nada que ver con las relaciones interpersonales y de pareja, dejando en el lugar de “obsoleto” el encuentro, preparación y cuidado de la relación que nos llevara a formar la familia de nuestra vejez.

A final de cuentas, creo que lo que nos gusta de las historias que terminan en separación, es que tomamos el concepto de que a la final el amor propio le da un contundente “knock out” al amor de pareja, pienso que deberíamos bajar los guantes y comenzar a romper el patrón, volver a enamorarnos de esas películas donde el amor triunfa, donde después de tanto dolor y tanto sufrimiento, la pareja termina con una relación longeva, aceptando y conviviendo con todos los defectos que la otra persona puede tener, sin salir a buscar más opciones; comencemos a ser mejores críticos, pero no con la otra persona, ni con nuestro autoestima ;comencemos a ser críticos exigentes sobre qué es lo que realmente esperamos en el amor, que era “eso” que tenía (o tiene) la persona que nos movió el piso, dejemos de constante e incesantemente buscar opciones, y enfoquémonos en lo que nos complementa. seamos rigurosamente exigentes, pero no con el físico, ni con el número de seguidores, seamos exigentes en luchar por “ese” amor y nuestro corazón nos lo agradecerá.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: